Aparatos para una persona mayor que vive sola: cuál hace falta de verdad

Hay seis tipos de aparato y cada uno resuelve un miedo distinto. El error caro no es elegir la marca equivocada: es comprar el aparato del miedo que no era.

Actualizado el 17 de agosto de 2026 · Información orientativa, no sustituye a un profesional

Primero, ¿cuál de los tres miedos es el vuestro?

Casi todas las familias llegan a esta búsqueda con uno de estos tres nudos en el estómago. Merece la pena decirlo en voz alta antes de mirar precios, porque cada uno se resuelve con una cosa distinta y ninguna sirve para las tres.

Uno: que se caiga estando sola y no pueda pedir ayuda. Dos: no saber cómo está, que es el que aparece a media mañana cuando no coge el teléfono. Tres: que se líe con la medicación o se olvide de tomarla.

Si os pasan los tres a la vez, elegid el que más noches os quita el sueño y empezad por ese. Comprar tres aparatos de golpe termina casi siempre igual: dos en un cajón.

Las seis categorías, en una frase cada una

Todo lo que se vende para esto cae en uno de estos seis grupos. Lo importante de cada uno no es lo que promete el anuncio, sino dónde falla:

  • Botón o colgante de teleasistencia: se pulsa y contesta una central de emergencias. Es lo mejor que hay para el miedo a la caída, y falla en lo obvio: hay que llevarlo puesto y hay que estar consciente para pulsarlo
  • Reloj con GPS y detector de caídas: lo mismo, más la localización si se desorienta al salir. Falla si no se lo pone, si nadie lo carga cada noche o si el detector se dispara solo y acaba en el cajón
  • Sensores de movimiento o de actividad: avisan si no hay movimiento en la casa a la hora habitual. No hay que llevar nada encima, que es su gran ventaja, y a cambio dan bastantes falsas alarmas hasta que se afinan
  • Cámara: se ve lo que pasa, y ahí está el problema. Es lo más invasivo que existe y conviene leer el apartado de más abajo antes de comprarla
  • Pastillero o dispensador automático: reparte las pastillas y avisa a su hora. Resuelve el lío de la caja, no resuelve que no esté en casa o que le dé pereza levantarse
  • Aparato de voz: habla sin que haya que tocar nada. Los hay que solo obedecen órdenes y los hay que preguntan por su cuenta y os cuentan cómo ha ido: no son la misma cosa ni de lejos

Lo que casi nadie mira y decide si se usa o no

La diferencia entre un aparato que sigue funcionando en marzo y uno que acabó en el cajón en enero rara vez está en las características. Está en estas siete preguntas:

  • ¿Hay que llevarlo puesto? Todo lo que se quita para ducharse se queda fuera justo donde más caídas hay
  • ¿Quién lo carga, y cada cuánto? Si la respuesta es «ya se acordará», no va a funcionar
  • ¿Depende de su móvil? Si hace falta que lo lleve encima, con batería y desbloqueado, ya tenéis dos puntos de fallo
  • ¿Qué necesita para funcionar: wifi, línea fija, tarjeta SIM propia? Y qué pasa cuando se va la luz o el router se cuelga
  • ¿A quién llega el aviso a las tres de la mañana, y qué se supone que hace esa persona si vive a doscientos kilómetros?
  • ¿Lo acepta? Un aparato que le recuerda cada día que ya no puede sin ayuda tiene todas las papeletas de acabar desenchufado «sin querer»
  • ¿Qué pasa el día que se cae de verdad? Repasad el camino entero: quién se entera, quién llama, quién tiene llave de casa. Muchas familias descubren ahí que les falta lo de la llave, no un aparato

El asunto de la cámara

Grabar a una persona adulta en su propia casa sin que lo sepa y sin que esté de acuerdo no es un detalle técnico: es su intimidad, y en España está protegida por ley. Si tiene capacidad para decidir, se le pregunta y se respeta lo que conteste, aunque la respuesta no os guste.

Aunque sea legal en vuestro caso, sigue siendo mala idea en la mayoría: se descubre casi siempre, y el daño en la confianza dura mucho más que la tranquilidad que da. Si hay deterioro cognitivo y os planteáis instalarla igual, hablad antes con los servicios sociales o con el médico de familia, y no la pongáis nunca en el baño ni en el dormitorio.

Y hay una alternativa que la gente pasa por alto: casi todo lo que se quiere ver con una cámara —si se ha levantado, si ha comido, si está animada— se puede saber preguntando. Sin imagen, sin que nadie se sienta vigilado y sin que nadie tenga que mirar una pantalla.

Los tres errores que salen caros

Se repiten en casi todas las casas, y los tres se evitan con una conversación:

  • Comprar para calmar el miedo del hijo, no para resolver el problema de la madre. Se nota enseguida: el aparato se usa la primera semana y luego no
  • Acumular. Tres aparatos de tres marcas, tres apps y tres avisos distintos acaban en que nadie mira ninguno. Uno que se use vale más que tres que se ignoren
  • Instalarlo sin explicarlo. Si no sabe qué hace, qué no hace y quién ve lo que sale de ahí, lo vivirá como vigilancia. Diez minutos de explicación valen más que cualquier función

Cómo decidir sin equivocarse

Dos semanas de prueba con una sola cosa apuntada en un papel: cuántas veces se ha usado y cuántas ha dado un aviso falso. Con esos dos números encima de la mesa, la conversación entre hermanos deja de ser de opiniones.

Y antes de pagar nada, comprobad qué os corresponde ya: muchos ayuntamientos y comunidades tienen servicio de teleasistencia, a veces gratuito o con copago según los ingresos. Se pregunta en los servicios sociales de vuestro ayuntamiento. Si además tenéis reconocida la situación de dependencia, puede entrar dentro de lo que ya os toca.

Preguntas frecuentes

¿Merece la pena el reloj con GPS si no sale sola de casa?

Si no sale, el GPS no os aporta casi nada y estáis pagando por él. Lo que sí aporta en ese caso es el botón y, si lo lleva, el detector de caídas. Mirad qué parte del aparato vais a usar de verdad antes de pagar la versión completa.

¿Y si no quiere llevar nada encima?

Es lo más habitual, y no es cabezonería: llevar un colgante colgado del cuello es un recordatorio permanente de que ya no puede sin ayuda. Ahí funcionan mejor las opciones que no se llevan puestas —sensores en la casa o un aparato de voz—, aunque cubran menos. Un aparato peor que se usa protege más que uno perfecto en el cajón.

¿Se pueden combinar varios?

Sí, y de hecho la combinación que mejor funciona suele ser una de cobertura de emergencia (botón o reloj) más una de seguimiento del día a día. Lo que no funciona es duplicar la misma función con dos marcas: dobla los avisos, dobla las falsas alarmas y nadie acaba haciendo caso a ninguno.

¿Esto lo cubre la ley de dependencia?

La teleasistencia figura entre los servicios del catálogo, y el acceso depende del grado reconocido y de cómo lo gestione vuestra comunidad. El orden sensato es pedir primero el reconocimiento y preguntar en los servicios sociales de vuestro ayuntamiento qué entra, antes de contratar nada por vuestra cuenta.

Sigue leyendo